blog

historia

Dando la nota desde el 86

En 1986 unos cuantos músicos y amigos protagonizaron una idea que, sin saberlo, resultaría ser genial: invitar, en una céntrica plaza zaragozana, a cuantas personas estuvieran dispuestas a compartir música entre amigos y poner en práctica algunas danzas tradicionales, sin más pretensión que la de pasar un buen rato.

La idea no era original pero sí novedosa en Aragón y la reunión se iba haciendo más y más grande. El éxito de cada nueva convocatoria era tal que varios de aquellos músicos (algunos ya habían compartido proyecto en la mítica “Crica fol-ban”) decidieron convertirse en un grupo formal que adoptaría el modelo de “músicos con maestros de ceremonias para un público que participa bailando”.

Había nacido…

…la Orquestina del Fabirol

Tras ese planteamiento inicial de recrear el patrimonio musical aragonés a partir de su sentido más práctico y vital, el baile, LA ORQUESTINA fue enseguida haciendo incursiones en otros terrenos más o menos musicales.

Si bien es cierto que las músicas de tradición y sus derivados en forma de “músicas del mundo”, “étnicas”, etc. pronto acaban encasilladas, no es tan fácil encasillar la música del fabirol, porque el grupo se ha caracterizado desde sus inicios por el hecho de buscar incesantemente nuevos campos de trabajo, sembrando en terrenos yermos del secarral aragonés donde hasta ese momento no se había recogido apenas nada. En un primer momento, con su propuesta de verbena tradicional, que pronto haría escuela; a continuación con su apertura hacia otras formaciones y grupos de teatro (ahí está, por ejemplo, la temprana colaboración con la Promotora de Acción Infantil); y enseguida también, con su opción de hacer de sus discos trabajos monográficos, línea que –por cierto– tan buenos resultados le ha dado.

Desde los primeros años, pues, los incansables fabiroles han ido trabajando las más diversas facetas de la música: conciertos temáticos, trabajos de investigación, cursos, colaboraciones de todo tipo, elaboración de materiales para escolares…

En 1989 saldría su primer disco al mercado, el fresco y jovencísimo “Suda, suda, fabirol!”, posible gracias al aporte del Instituto de Estudios Altoaragoneses tras la participación en el seminario “Los Pirineos, ¿puente o barrera?”. En el 90, La orquestina del fabirol fue considerada el “mejor grupo de música folk de España”, al ganar el Certamen Nacional de Jóvenes Intérpretes organizado por el Instituto de la Juventud y a raíz del cual se grabó en el 91Zorras, pollos y villanos”.

Tras el primer cambio en los componentes del grupo y la productiva colaboración con los Titiriteros de Binéfar en esa obra de teatro memorable, y para la que fue banda sonora durante tantos años y tantos y tantos kilómetros (“El bandido Cucaracha”), la banda inició una nueva andadura que buscaba la inclusión de piezas vocales.

El trabajo culminó en 1994 con “Me’n baxé ta tierra plana”, que supuso todo un hito para la historia de la música en Aragón pues por vez primera un grupo musical, con un planteamiento no local, editaba un disco íntegro en lengua aragonesa dotándola de contenidos universales y apostando por una línea de compromiso que marcaría desde entonces el futuro del grupo. Había sido un reto difícil, sólo posible por la coedición de los propios músicos y de Ligallo de fablans de l’aragonés, pero la formidable acogida del disco situó a La orquestina en un número de ventas inaudito en Aragón hasta ese momento para un grupo de esas características.

En el 96 se publicó “Albada al Nacimiento”, fruto de un interesante trabajo sobre las músicas navideñas que partía de material recopilado por Blas Coscollar, arreglado por el prestigioso músico alemán Berhnard Rövenstrunck y que sería elegantemente editado por la Caja de Ahorros Inmaculada. Su labor desde los escenarios continuaría imparable esos años, teniendo lugar algunas de las giras más memorables (Portugal, Açores, Alemania), hasta que en el año 2000, como consecuencia de la colaboración con la musicóloga Isabel Riazuelo, se editaría el trabajo más étnico de la orquestina, “Danzas de Sobrarbe”, donde los fabiroles se muestran más próximos que nunca a la tradición musical de la tierra en la que viven varios de ellos.

En 2002 publicarían “Acumuer”, que recreaba melodías del Cuaderno de los músicos de Acumuer, material con el que habían empezado a trabajar ya en 1987 tras su relación con Emilio Susín, el último de aquella afamada saga. Este disco será comparable en alguna medida al “M’en baxé…” pues su repercusión pública fue enorme. Más tiempo de trabajo, de producciones para el directo, de actuaciones por Francia, Bélgica e Italia hasta la edición en 2005 de “Ninonaninón”, su séptimo registro, disco rabiosamente vital, dedicado a la infancia y a ese refugio íntimo que todos deberíamos visitar más a menudo.

En noviembre de 2006, la banda celebra su veinte aniversario con un imborrable concierto en el Auditorio de Zaragoza. Por su escenario pasan los músicos y colaboradores de La orquestina hasta la fecha, y la fiesta se completa con la edición del libro “De fabiroles y otras gaitas” que contiene el cedé recopilatorio “20 años de fabirol”.

En diciembre de 2007 el grupo hace una pausa obligada: al regreso de una actuación, camino de San Juan de Plan, la furgoneta en la que viajan dos de sus componentes cargada con todos los instrumentos de la banda sufre un aparatoso accidente a causa del hielo de la carretera. Se destrozan varios instrumentos y, si bien las consecuencias personales no son graves, el accidente sí tiene repercusiones en el grupo, que se ve obligado a permanecer un largo periodo sin trabajar y a replantear su filosofía que concluye en la necesidad de encontrar fórmulas de trabajo más “sostenibles”.

Desde 2009, un grupo renovado en formación quinteto trabaja incansablemente en su nuevo proyecto: un fabirol directo, sin aditivos, músicos multiinstrumentistas de ágil respuesta y sonido eficaz, en continuo compromiso con sus raíces musicales y su cultura, un quinteto esencial que apuesta por el minimalismo, por aquel “sonido orquestina” que hizo escuela, que ha recreado músicas y bailes hoy en la mente de todos. Con un repertorio actualizado que apunta hacia su próximo trabajo discográfico, La orquestina del fabirol le toma el pulso a la fiesta y propone sumergirse en ella a través de su son.